sábado, 11 de noviembre de 2023

un inicio

querido vos,
tengo 36 años, una casa y trabajo. un gato, algunas plantas de interior, un papá, un cerezo, cuatro ex y aproximadamente quince amigos. las tetas todavía firmes, trece años de psicoanálisis, un título que ya no quiero y un aburrimiento que me persigue de manera insoportable.


las cosas que no tengo, sin embargo, se acumulan. no tengo mamá, ni un vinculo sexo afectivo estable (un novio, bah), ni hijos, ni felicidad. tampoco tengo un garche fijo, ni estabilidad emocional, ni un proyecto de vida y, mucho menos, idea de que carajo estoy haciendo.

mi vida consiste en el aburrido hecho de sobrevivir porque morirse parece ser mas complicado.


podría ser una boludez pero no. constato que no estoy muerta porque me levanto y me lavo los dientes. es como si fuera el último atributo de dignidad personal, la marca de que todavía hay alguien acá. me importa no tener mal aliento, y eso significa algo, creo.


hago otras cosas también. me acomodo el flequi
llo. lavo los platos. me preparo el mate. miro twitter.


a veces pienso que son pequeños estertores. como si me desafiara a mi misma en este objetivo diario que es no morir. me aferro a la cotidianeidad como los incels a milei, convencida de que todo esto significa algo.


hace un tiempo que me digo a mi misma que tengo que tenerme paciencia. que hay momentos de disolución, de pérdida, de desconcierto. que algo debe estar procesando mi inconciente, que me tiene suspendida en una rutina ridícula que parece un ensayo constante que hago para creerme que todavía existo.


miro con curiosidad a mi alrededor y todas las opciones me parecen estúpidas. sin embargo, ahí voy, me limpio la carita, me pongo las cremitas, masajeo las arrugas y confío en que la obstinación de la repetición algo hará contra el tiempo.


si hago esto es porque me importa, pienso mientras le saco los pulgones a las plantas y limpio las esquinas de las ventanas llenas de telarañas. intento convencerme de que es el primer escalón que me va a llevar a tener una vida como el resto: todas esas personas felices que desfilan diariamente por instagram.


me siento en el sillón derrotada, y el gato trepa sobre mí. le saco una foto desde abajo, los mofletes de fermín ocupan casi todo y pienso en subirla al feed.


no lo hago. pienso en que van a pensar esos otros, los felices, sobre mi vidita. entonces me detengo.